Deir al Balah, RD Herald. – La Franja de Gaza enfrenta una rápida propagación de varicela en medio del colapso de los servicios sanitarios, la contaminación ambiental y las precarias condiciones en que sobreviven miles de familias desplazadas.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó que aproximadamente 9,300 casos fueron detectados durante las dos últimas semanas de junio en más de 130 centros de salud.
Cerca de la mitad de los contagios se concentraron en Jan Yunis, una de las zonas que alberga a una gran cantidad de familias desplazadas en campamentos improvisados y refugios sobrepoblados.
La enfermedad está afectando principalmente a niños que viven en tiendas de campaña, rodeados de desperdicios, insectos y aguas residuales, con acceso muy limitado a agua potable, productos de higiene y atención médica.
Madres enfrentan la enfermedad sin medicamentos
Familias residentes en campamentos de Deir al Balah relataron las dificultades que enfrentan para proteger a sus hijos de una infección altamente contagiosa cuando varias personas deben convivir dentro de una misma tienda.
Las madres denuncian que no disponen de medicamentos antivirales ni de tratamientos suficientes para aliviar la fiebre, la picazón y las lesiones que produce la enfermedad. La falta de agua limpia también dificulta mantener la higiene y prevenir infecciones adicionales en la piel.
Los médicos advierten que el hacinamiento facilita que el virus pase rápidamente de una persona a otra, especialmente entre menores que no cuentan con las condiciones adecuadas para permanecer aislados durante el período de contagio.
Aunque la varicela suele evolucionar sin complicaciones graves en niños saludables, puede representar un mayor peligro para bebés, mujeres embarazadas, personas desnutridas y pacientes con sistemas inmunológicos debilitados.
Basura y aguas residuales rodean los campamentos
El deterioro de la infraestructura de agua y saneamiento ha convertido numerosos asentamientos de desplazados en focos de contaminación.
En diferentes sectores de Gaza, las aguas residuales corren entre las tiendas de campaña, mientras toneladas de basura permanecen acumuladas por la falta de combustible, vehículos, personal y equipos necesarios para su recolección.
Según el reporte humanitario, alrededor del 85 % de los residuos sólidos generados en Gaza está siendo recogido. Sin embargo, la parte que permanece sin retirar, sumada a los vertidos de aguas contaminadas, las altas temperaturas y la proliferación de insectos y roedores, mantiene elevados los riesgos para la salud pública.
La contaminación del agua también obliga a numerosas familias a utilizar fuentes inseguras para bañarse, lavar la ropa o realizar otras actividades domésticas.
Sistema sanitario debilitado
Los centros médicos que todavía funcionan enfrentan escasez de medicamentos, equipos y personal. Más de 130 instalaciones notificaron casos de varicela durante el período analizado, una señal de que el brote no está limitado a un solo campamento.
Las agencias humanitarias temen que la enfermedad continúe propagándose mientras no mejoren las condiciones de alojamiento, higiene y saneamiento, especialmente en los más de 1,600 lugares utilizados para albergar desplazados.
Naciones Unidas y organizaciones médicas reclaman un acceso humanitario sostenido que permita la entrada de medicamentos, productos de higiene, agua potable y materiales para reparar las redes de alcantarillado.
La situación demuestra cómo las consecuencias del conflicto van más allá de los bombardeos: enfermedades prevenibles encuentran condiciones favorables para propagarse entre una población agotada, desplazada y con servicios básicos profundamente deteriorados.

