El espacio alteró su ADN y ya no es idéntico a su gemelo

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Misión inédita de la NASA. Un astronauta estuvo casi un año en la Estación Espacial Internacional y, al regresar, ya no era el mismo: sus genes mutaron. ¿Qué cambios sufrió?

Dicen que viajar cambia a las personas. Eso fue lo que le ocurrió a este hombre, literalmente. Tras emprender un largo viaje, al regreso, ya no era el mismo: sus genes habían mutado. ¿Cómo? La travesía de Scott Kelly no fue una más, su aventura lo llevó al espacio y fue allí, en la Estación Espacial Internacional, donde su esencia se modificó para siempre.

El astronauta formó parte de un estudio inédito de la NASA, que prepara futuras misiones a Marte. Pero él no fue el único protagonista de la hazaña, hay otro actor clave: su hermano, su gemelo idéntico. Ambos fueron necesarios para poder conocer cómo el tiempo vivido más allá de los límites de la Tierra altera el ADN. Así, Scott atravesó 340 días de ingravidez y Mark permaneció con los pies en suelo firme, como modelo de comparación.

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Si bien Christopher Mason, genetista de la Cornell University de Nueva York a cargo del análisis de la información contó que “los datos son tan frescos que algunos de ellos acaban de salir de las máquinas para la secuenciación”, ya difundieron algunos resultados preliminares: las variaciones en la actividad de los genes del “viajero del cosmos” son semejantes a las que se producen en nuestro planeta bajo condiciones de estrés, ante cambios en la dieta o el sueño, sólo que se dan amplificadas.

Además, las estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas, llamados telómeros, conocidos por estar asociados con la longevidad, también se modificaron: en el caso de Scott, se alargaron respecto de las de su “doble”.

Por último, a los cambios a nivel celular, se suma uno a nivel corporal que ya había advertido la agencia espacial estadounidense: el astronauta había crecido cinco centímetros. Eso se debió a la falta de gravedad, que permitió que los discos espinales se expandieran.

El astronauta formó parte de un estudio inédito de la NASA, que prepara futuras misiones a Marte. Pero él no fue el único protagonista de la hazaña, hay otro actor clave: su hermano, su gemelo idéntico. Ambos fueron necesarios para poder conocer cómo el tiempo vivido más allá de los límites de la Tierra altera el ADN. Así, Scott atravesó 340 días de ingravidez y Mark permaneció con los pies en suelo firme, como modelo de comparación.

Si bien Christopher Mason, genetista de la Cornell University de Nueva York a cargo del análisis de la información contó que “los datos son tan frescos que algunos de ellos acaban de salir de las máquinas para la secuenciación”, ya difundieron algunos resultados preliminares: las variaciones en la actividad de los genes del “viajero del cosmos” son semejantes a las que se producen en nuestro planeta bajo condiciones de estrés, ante cambios en la dieta o el sueño, sólo que se dan amplificadas.

Además, las estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas, llamados telómeros, conocidos por estar asociados con la longevidad, también se modificaron: en el caso de Scott, se alargaron respecto de las de su “doble”.

Por último, a los cambios a nivel celular, se suma uno a nivel corporal que ya había advertido la agencia espacial estadounidense: el astronauta había crecido cinco centímetros. Eso se debió a la falta de gravedad, que permitió que los discos espinales se expandieran.

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