Nepal: cuando la tragedia golpeó el camino hacia una de las montañas más sagradas del mundo

La devastadora crecida del Bhote Koshi no sorprendió solamente a pobladores y turistas: centenares de extranjeros recorrían el Himalaya por razones religiosas, rumbo al monte Kailash, venerado durante siglos por hindúes, budistas, jainistas y seguidores de la antigua tradición Bön.

Katmandú, RD Herald. – Para comprender por qué una inundación ocurrida en una remota región montañosa entre Nepal y el Tíbet ha dejado entre sus víctimas y desaparecidos a ciudadanos de decenas de países, primero hay que entender algo que las imágenes de destrucción no explican:

aquellas montañas no son solamente montañas.

Para millones de personas constituyen territorio sagrado.

Y una de ellas, el monte Kailash, representa para varias de las grandes tradiciones espirituales de Asia uno de los lugares más santos existentes sobre la Tierra.

La catástrofe del pasado miércoles 26 de agosto golpeó precisamente uno de los corredores utilizados por peregrinos que atraviesan Nepal para dirigirse hacia Kailash y el cercano lago Manasarovar, situados en el Tíbet.

De ahí la extraordinaria presencia de extranjeros.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Nepal había identificado inicialmente afectados procedentes de 33 países. Entre los extranjeros desaparecidos figuraban ciudadanos de India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Malasia, Ucrania, Japón, Corea del Sur y numerosas otras naciones.

Pero ¿qué lleva a una persona a viajar miles de kilómetros hasta una montaña que ni siquiera puede escalar?

La respuesta tiene miles de años.


Nepal: un país formado entre gigantes y religiones

Nepal se encuentra atrapado geográficamente entre dos gigantes: India al sur y China —a través del Tíbet— al norte.

Pero culturalmente su posición es todavía más interesante.

Durante siglos fue punto de encuentro entre las civilizaciones hinduistas del subcontinente indio y el mundo budista tibetano.

El Nepal moderno comenzó a tomar forma en el siglo XVIII cuando Prithvi Narayan Shah, gobernante del pequeño reino de Gorkha, inició una campaña de unificación de numerosos principados y conquistó el valle de Katmandú en 1768-1769.

De aquella expansión nació esencialmente el Estado nepalí moderno.

Durante siglos Nepal estuvo gobernado por una monarquía profundamente vinculada al hinduismo.

De hecho, hasta comienzos del siglo XXI Nepal era conocido constitucionalmente como un reino hindú.

La situación cambió después de años de guerra civil y transformaciones políticas. La Constitución interina de 2007 declaró al país secular y en 2008 fue abolida la monarquía, convirtiéndose Nepal en una república.

Pero declarar secular al Estado no eliminó miles de años de tradición.

La religión continúa impregnando profundamente la vida cotidiana nepalesa.

Según el censo de 2021, aproximadamente 81.2 % de la población es hindú y 8.2 % budista. El islam representa alrededor de 5.1 %, mientras las religiones indígenas —incluyendo Kirat y Bön— y el cristianismo completan buena parte del resto.

Y existe una característica fascinante:

En Nepal, hinduismo y budismo frecuentemente se entrelazan.

Templos, deidades, festividades y lugares sagrados pueden ser venerados por comunidades pertenecientes a tradiciones diferentes.

El propio Nepal es además la tierra donde nació Siddhartha Gautama, el Buda, en Lumbini, alrededor del siglo VI a. C.

Por eso la religión no es simplemente un elemento de la historia de Nepal.

Es una de las claves para comprender su identidad.


Pero la montaña de esta historia está en el Tíbet

Aquí debemos hacer una precisión importante para RD Herald.

El monte Kailash no está en Nepal.

Se encuentra en la Región Autónoma del Tíbet, bajo administración china, relativamente cerca de las fronteras con Nepal e India.

Tiene más de 6,400 metros de altura y se levanta junto al lago Manasarovar.

Entonces, ¿por qué la tragedia de Nepal atrapó a tantos peregrinos de Kailash?

Porque Nepal constituye una de las principales puertas de entrada hacia la montaña.

Operadores privados transportan peregrinos desde Katmandú hacia la frontera tibetana y posteriormente continúan hacia Kailash.

Agosto, además, coincide precisamente con la temporada de peregrinación, cuando las condiciones permiten mayor acceso a la región.

Y la crecida golpeó esa ruta.


¿Por qué Kailash es una montaña sagrada?

Aquí comienza probablemente la parte más extraordinaria de la historia.

Kailash no pertenece exclusivamente a una religión.

Es sagrado para cuatro tradiciones religiosas diferentes.

Para los hindúes: la casa de Shiva

Para el hinduismo, Kailash es tradicionalmente considerado la morada del dios Shiva y su esposa Parvati.

Shiva forma parte de la principal tríada de la tradición hindú junto con Brahma y Vishnu y representa, de manera simplificada, la destrucción y transformación necesarias para la renovación.

Pero Kailash no es simplemente un lugar donde según la tradición Shiva estuvo alguna vez.

Es concebido como su morada eterna.

Eso convierte la peregrinación en algo mucho más profundo que visitar un templo.

El devoto se dirige simbólicamente hacia la casa de la divinidad.


Para los budistas: el centro espiritual del universo

Dentro del budismo tibetano, Kailash está asociado con el mítico Monte Meru.

En antiguas cosmologías hinduistas y budistas, Meru representa algo extraordinario:

el eje o centro del universo.

No necesariamente debe interpretarse como una afirmación geográfica moderna.

Es una concepción espiritual y cosmológica.

El monte representa el punto alrededor del cual se organiza simbólicamente el universo.

Los budistas tibetanos conocen Kailash como Gang Rinpoche, expresión que suele traducirse aproximadamente como “preciosa joya de nieve”.


Para los jainistas: lugar de liberación

El jainismo, otra de las antiguas religiones nacidas en India, también considera sagrada la montaña.

Su tradición vincula Kailash con Rishabhadeva, considerado el primero de los 24 tirthankaras, grandes maestros espirituales del jainismo.

Según la tradición jainista, allí alcanzó la liberación espiritual.

Por tanto, para un peregrino jainista acercarse a Kailash significa acercarse a un lugar asociado con la liberación definitiva del ciclo de existencia.


Y para la religión Bön, Kailash ya era sagrado

Hay todavía otra dimensión.

Antes de que el budismo se convirtiera en la religión predominante del Tíbet existía allí la tradición espiritual Bön.

Para sus seguidores, Kailash es igualmente un centro fundamental de poder espiritual y está relacionado con Tonpa Shenrab, figura fundacional de esa tradición.

Eso significa que la santidad atribuida a Kailash atraviesa religiones y siglos de historia.


Una montaña que nadie debe conquistar

Aquí encontramos otra característica extraordinaria.

En casi todas las grandes montañas del planeta, el objetivo del montañista es alcanzar la cima.

Everest representa el ejemplo perfecto.

Con Kailash ocurre exactamente lo contrario.

El objetivo es no subir.

La montaña es considerada tan sagrada que escalarla sería visto como una profanación.

Las autoridades chinas mantienen prohibidas las ascensiones, precisamente en consideración a su importancia religiosa.

No existe una historia moderna reconocida de conquista oficial de su cima.

El peregrino no demuestra su devoción colocándose encima de la montaña.

La demuestra rodeándola.


53 kilómetros alrededor de la montaña

El gran ritual se denomina kora entre los tibetanos y parikrama entre hindúes y jainistas.

Consiste en recorrer a pie aproximadamente 52 o 53 kilómetros alrededor de Kailash.

La caminata normalmente requiere unos tres días y atraviesa zonas de enorme altitud.

Para numerosos creyentes, completar una vuelta alrededor de Kailash ayuda a purificar pecados y acumular mérito espiritual.

Hindúes y budistas realizan tradicionalmente el recorrido en sentido horario.

Los seguidores de Bön lo hacen en sentido contrario.

Algunos peregrinos tibetanos llevan la devoción todavía más lejos.

Avanzan mediante postraciones completas:

se arrodillan,

extienden todo el cuerpo sobre la tierra,

se levantan,

avanzan hasta donde llegaron sus manos,

y vuelven a repetir el proceso.

Así pueden recorrer kilómetros.

Lo que para un visitante podría parecer simplemente una caminata extrema es, para ellos, una oración realizada con todo el cuerpo.


El lago donde algunos peregrinos buscan purificarse

Muy cerca de Kailash se encuentra otro lugar sagrado:

el lago Manasarovar.

Está situado a gran altitud y también aparece desde hace siglos en tradiciones religiosas de Asia.

Algunos peregrinos hindúes realizan baños rituales en sus aguas buscando purificación espiritual.

Por eso generalmente se habla de la peregrinación Kailash-Manasarovar.

Montaña y lago forman parte de una misma geografía espiritual.


¿Y qué tiene todo esto que ver con el Bhote Koshi?

Muchísimo.

La catástrofe se produjo sobre uno de los corredores que conecta Nepal con el Tíbet.

Una enorme masa de hielo y roca se desprendió en la región del Himalaya y desencadenó una corriente gigantesca de agua, lodo, piedras y sedimentos.

La avalancha entró en el sistema fluvial y avanzó por cursos que incluyen el Bhote Koshi y posteriormente el Trishuli, destruyendo carreteras, puentes, poblaciones e infraestructura.

Y precisamente por esa región transitaban peregrinos.

Uno de los puntos golpeados fue Gyirong, importante cruce fronterizo entre Nepal y el Tíbet.

Allí funciona infraestructura migratoria utilizada por quienes continúan hacia Kailash.

Un grupo relacionado con la organización espiritual Isha Foundation se encontraba precisamente en el centro de inmigración de Gyirong cuando llegó la inundación.

Otros peregrinos viajaban en autobuses.

Reuters documentó el caso de un grupo de 57 peregrinos procedentes del sur de India.

Tres autobuses viajaban juntos.

Uno consiguió escapar.

Según testimonios de sobrevivientes, otro fue arrastrado hacia un barranco.

Decenas de integrantes quedaron desaparecidos.


¿Por qué aparecen estadounidenses, australianos y europeos?

Porque Kailash hace mucho tiempo dejó de atraer exclusivamente a peregrinos de India, Nepal o Tíbet.

Viajeros espirituales procedentes de numerosos países realizan actualmente la peregrinación.

Entre los desaparecidos de estos días aparecen ciudadanos de Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá, Malasia, Japón, Corea del Sur y países europeos, además del enorme contingente indio.

En Australia, por ejemplo, al menos 32 de los desaparecidos identificados por varias agencias de viajes estaban vinculados con peregrinaciones hacia Kailash.

Para algunos es una obligación religiosa.

Para otros, una búsqueda espiritual.

Y para otros constituye el viaje de toda una vida.

Una hija australiana describió la peregrinación de su madre desaparecida como uno de los grandes sueños que quería cumplir.

Eso explica algo que inicialmente parecía extraño:

¿qué hacían tantos extranjeros en aquella zona remota cuando llegó la riada?

Muchos estaban allí porque iban hacia un lugar que consideran santo.


626 muertos y alrededor de 2,400 desaparecidos

El balance oficial disponible este sábado es devastador.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Nepal informó que se han recuperado 626 cuerpos y que aproximadamente 2,400 personas permanecen sin localizar.

Más de 4,450 personas han sido rescatadas, entre ellas al menos 187 extranjeros.

Las autoridades advierten expresamente que esas cifras pueden cambiar a medida que se comprueben las listas y lleguen equipos a comunidades aisladas.

Esto es importante porque “desaparecido” no significa necesariamente fallecido.

Carreteras, electricidad y comunicaciones quedaron destruidas y algunas personas inicialmente reportadas como desaparecidas posteriormente han sido encontradas con vida.

Pero la dimensión de la tragedia es indiscutible.


Una tragedia natural dentro de un paisaje espiritual

Existe una imagen poderosa detrás de todo esto.

Durante miles de años, los pueblos del Himalaya han mirado aquellas montañas no solamente como accidentes geográficos.

Las han visto como lugares donde la tierra toca lo divino.

El monte Kailash representa la casa de Shiva para millones de hindúes.

Para budistas está relacionado con el centro simbólico del universo.

Para los jainistas recuerda la liberación espiritual.

Para Bön es territorio sagrado desde tiempos anteriores a la llegada del budismo al Tíbet.

Y alrededor de esa montaña, personas procedentes de culturas y países completamente diferentes caminan los mismos 53 kilómetros buscando algo que ninguna fotografía puede mostrar:

purificación, mérito, perdón, iluminación o simplemente acercarse a aquello que consideran sagrado.

Esta semana, centenares de esos peregrinos emprendieron ese camino.

Muchos atravesaron Nepal.

Algunos ya regresaban después de completar su peregrinación.

Otros todavía intentaban llegar.

Entonces descendió la montaña.

Hielo, roca, agua y barro entraron violentamente en el Bhote Koshi y transformaron en minutos una ruta espiritual centenaria en escenario de una de las mayores tragedias del Himalaya moderno.

Por eso la historia de Nepal no es solamente:

“una inundación dejó cientos de muertos”.

Hay otra historia detrás.

Entre las víctimas había personas que habían viajado desde el otro extremo del mundo para acercarse a una montaña que su fe les enseñó que jamás debían conquistar, solamente rodear con reverencia.

Y esa dimensión religiosa explica, finalmente, por qué la tragedia del Bhote Koshi ha llevado el dolor desde una remota garganta del Himalaya hasta hogares en India, Australia, Estados Unidos, Europa y numerosos otros lugares del planeta.

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