A diez dias de estar en el cargo, Trump despide al director de comunicaciones Anthony Scaramucci

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Con solo 10 dias en el cargo, el presidente Trump ha decidido despedir como director de Comunicación a Anthony Scaramucci solo 10 días después de nombrarle en el cargo. La salida de Scaramucci, según la prensa estadounidense, ha sido una solicitud de John Kelly, que este lunes ha tomado posesión como nuevo jefe de gabinete del presidente.

La Casa Blanca describió la marcha del financiero sin experiencia política como una decisión suya. “El señor Scaramucci creyó que era mejor dar al jefe de gabinete John Kelly una pizarra limpia y la habilidad de construir su propio equipo. Le deseamos lo mejor”, señaló la oficina de prensa en un comunicado.

a salida del jefe de Comunicación, un antiguo tiburón de Wall Street, es la tercera que vive la Casa Blanca en menos de dos semanas. Tras el nombramiento de Scaramucci, Sean Spicer presentó su dimisión el pasado 21 de julio como portavoz oficial. Y el pasado viernes, al día siguiente de que Scaramucci le insultara públicamente, Trump prescindió de Reince Priebus como jefe de gabinete.

El despido de Priebus y su sustitución por Kelly se interpretó como una victoria de Scaramucci, pero ahora él sufre las consecuencias de haberse convertido rápidamente en un activo tóxico. En solo cinco días en el puesto, arrastró a la Casa Blanca a cotas insólitas de bajeza y vulgaridad tras, en una conversación con un periodista, insultar a altos cargos del entorno de Trump, como Priebus y el estratega jefe, Steve Bannon.

Scaramucci, quien departía directamente con Trump, era uno de los problemas con los que tenía que lidiar Kelly, que ha optado por una decisión salomónica y por dar un golpe de autoridad sobre la mesa.

Trump ha visto el peligro. Tras seis meses de mandato, en la Casa Blanca se ha instalado la inestabilidad y la desconexión con el Congreso cada día es mayor. Ninguno de sus grandes proyectos legislativos ha salido adelante y algunos parlamentarios, como John McCain, ya le retan en público. Superar esta fractura y poner orden interno será la misión del exgeneral de marines Kelly. “Será uno de los mejores de la historia”, predijo Trump.

No tiene experiencia política. No se le conocen virtudes para el pacto. E hizo bandera de la deportación y expulsión de inmigrantes. El antiguo jefe del Comando Sur y exsecretario de Seguridad Interior, de 67 años, no es el hombre que otros gobernantes hubieran destinado a recuperar la sintonía y el consenso. Pero en el juego de Trump las comparaciones importan poco. Creador de su propio y vertiginoso ecosistema, donde la fidelidad y la fuerza encabezan la cadena trófica, la elección de Kelly es señal de que, lejos de cualquier freno, el presidente de la nación más poderosa del planeta siempre está dispuesto a radicalizarse.

El mayor reto de Kelly consistirá en recomponer el clima interno. La salida de Scaramucci parece indicar esa voluntad. Su segundo objetivo prioritario es tender un puente sólido hacia el Congreso. Una tarea que se ha vuelto prioritaria para un presidente que, pese a tener mayoría en ambas Cámaras, no logra alcanzar velocidad de crucero.

Los motivos son diversos, pero siempre recalan en un mismo punto. El desorden que se ha apoderado de la Casa Blanca, con 26 asesores presidenciales y un jefe de Estado en permanente combustión, está erosionando sus apoyos. Las encuestas revelan que la fractura social crece, y escándalos como la trama rusa alimentan la desconfianza en el bando republicano.

La última semana lo mostró con claridad. El Senado puso en cuarentena los planes de Trump de lograr un acercamiento con Vladímir Putin. Para ello, una abrumadora mayoría de ambos partidos blindó las sanciones decretadas por Barack Obama contra el Kremlin por la injerencia electoral de forma que el presidente no pudiese revocarlas. El resultado ha sido el anuncio de expulsión de 755 empleados de la misión estadounidense en Rusia.

Agriado el acercamiento a Moscú, ahora hay senadores republicanos como Lindsey Graham que han propuesto poner bajo protección parlamentaria la investigación sobre la trama rusa que dirige el fiscal especial, Robert Mueller. “Si le despiden, sería el principio del fin de la presidencia de Trump”, ha alertado.

En este clima enrarecido, la pulsión presidencial de dar órdenes vía Twitter o sus constantes y dispares llamadas de atención en la reforma sanitaria han engrandecido la sombra del caos y presagian días difíciles para Kelly. El general tiene su favor su propia dureza y la admiración que le profesan el presidente; su hija, Ivanka, y el yerno, Jared Kushner. Pero ese mismo apoyo le puede costar caro. Como jefe de gabinete, una especie de primer ministro en la sombra, va a coordinar las grandes líneas maestras y, por tanto, va a tener que enfrentarse no sólo al círculo íntimo de Trump y sino los propios exabruptos presidenciales. Un arma demoledora que sufrió en carne propia su predecesor y que ahora el general tendrá que asimilar sin perder el gesto.