Puerto Príncipe, RD Herald. – La crisis de seguridad de Haiti está experimentando una transformación que posee especial importancia para República Dominicana: las pandillas están expandiendo progresivamente sus operaciones fuera de Puerto Príncipe y hacia las zonas rurales del país.
Un análisis publicado por el Observatorio de Haití de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime advierte que los grupos armados están adoptando tácticas de pequeñas unidades móviles que realizan incursiones rápidas, secuestros, robos de ganado y bloqueos de carreteras.
La estrategia es diferente a la utilizada para controlar barrios completos de Puerto Príncipe.
Las pandillas no necesariamente necesitan permanecer en una comunidad.
Llegan.
Atacan.
Secuestran.
Roban.
Interrumpen las carreteras.
Y posteriormente se desplazan hacia otro lugar.
Eso les permite extender su influencia sobre territorios mucho mayores sin disponer de suficientes hombres para ocuparlos permanentemente.
Artibonite entra en la ecuación
El informe señala especialmente el deterioro de la seguridad en Artibonite, una de las principales regiones agrícolas haitianas.
Allí los grupos armados están atacando comunidades, rutas de transporte y zonas productivas.
La consecuencia puede extenderse más allá de la seguridad.
Cuando agricultores abandonan sus tierras, carreteras quedan bloqueadas y comerciantes no pueden trasladar productos, disminuye la producción de alimentos y aumenta la presión económica sobre comunidades que ya viven en condiciones extremadamente precarias.
El informe utiliza el reciente ataque contra Kenscoff, en las montañas próximas a Puerto Príncipe, como ejemplo de esta transformación.
Decenas de personas murieron y se produjo un secuestro masivo durante aquella incursión.
Un desafío diferente para la Policía
Perseguir pequeñas unidades armadas a través de montañas, carreteras rurales y comunidades dispersas requiere capacidades completamente diferentes a las necesarias para combatir pandillas dentro de barrios urbanos.
El análisis advierte que las fuerzas haitianas carecen de suficiente personal, equipamiento y entrenamiento para enfrentar grupos altamente móviles sobre un territorio tan complejo.
También sostiene que una respuesta exclusivamente militar no será suficiente.
Será necesario proteger agricultores, recuperar economías locales, resolver conflictos comunitarios y desarrollar mecanismos de desarme y reintegración.
Para República Dominicana, cualquier expansión de la violencia hacia el interior rural haitiano merece atención.
La crisis ya no estaría concentrándose exclusivamente en Puerto Príncipe.
Está buscando nuevas rutas y nuevos territorios.
Durante años la gran pregunta fue cuánto territorio de la capital podían controlar las pandillas. El nuevo problema es cuánto territorio de Haití pueden desestabilizar sin necesidad siquiera de ocuparlo.





