Puerto Príncipe, RD Herald. – Haití enfrenta este martes una nueva tragedia de enormes proporciones después de que al menos 47 personas murieran y otras 22 resultaran heridas durante un violento ataque atribuido a integrantes de la coalición de pandillas Viv Ansanm en Kenscoff, una estratégica comunidad montañosa situada en las alturas próximas a Puerto Príncipe.
El balance actualizado fue reportado por Naciones Unidas y todavía podría aumentar conforme las autoridades y organizaciones humanitarias logren acceder a todos los sectores atacados.
La incursión comenzó durante la noche del domingo y se extendió hasta las primeras horas del lunes.
Hombres fuertemente armados penetraron en diferentes sectores de Kenscoff, asesinaron residentes, incendiaron viviendas y vehículos y obligaron a numerosas familias a abandonar precipitadamente sus hogares.
Uno de los puntos atacados fue una iglesia que estaba siendo utilizada como refugio por personas que ya habían sido desplazadas por la violencia, según informaciones recopiladas tras la incursión. También se reportaron secuestros y ataques contra propiedades de residentes de la zona.
El alcalde de Kenscoff, Jean Massillon, describió lo ocurrido como una “noche de terror” y explicó que las dificultades de acceso y comunicación complicaron inicialmente la determinación de la cantidad exacta de víctimas.
La dimensión humana de la tragedia comenzó a conocerse con el amanecer.
Familias recorrieron las calles buscando a sus parientes mientras residentes denunciaban que la comunidad había quedado prácticamente abandonada frente a los grupos armados.
Uno de los testimonios recogidos por Associated Press refleja la magnitud de la tragedia: un agricultor de la comunidad aseguró haber perdido 14 familiares durante el ataque.
Kenscoff, una posición estratégica
La ofensiva tiene una importancia que trasciende la cantidad de víctimas.
Kenscoff se encuentra en las montañas que dominan importantes rutas de acceso hacia Puerto Príncipe y conecta con zonas que conducen hacia el departamento del Sudeste y Jacmel.
El control de ese territorio permitiría a las organizaciones criminales ampliar considerablemente su radio de acción fuera de los sectores de la capital donde ya mantienen una fuerte presencia.
La localidad ha sufrido cerca de una docena de ataques desde comienzos de 2025, incluyendo asesinatos, incendios, secuestros y otros actos de violencia.
Las bandas agrupadas dentro de Viv Ansanm han expandido durante los últimos años su control sobre Puerto Príncipe y comunidades vecinas, aprovechando la debilidad institucional y las limitaciones de las fuerzas de seguridad haitianas.
Actualmente, las pandillas controlan o ejercen influencia sobre aproximadamente 70 % de Puerto Príncipe, mientras alrededor de 1.5 millones de personas se encuentran desplazadas por la violencia.
Gobierno ordena máxima alerta
La magnitud de la ofensiva obligó al Gobierno haitiano a colocar a las fuerzas de seguridad en máxima alerta y anunciar nuevos despliegues hacia Kenscoff.
Las autoridades prometieron restablecer el orden y perseguir a los responsables.
Sin embargo, la reacción gubernamental no consiguió contener la indignación de numerosos residentes.
Habitantes salieron a las calles para protestar y reclamar mayor protección policial, mientras algunos exigieron responsabilidades a los mandos de seguridad por considerar que el Estado no respondió con suficiente rapidez ante una zona que ya había sufrido ataques anteriores.
El cuestionamiento adquiere mayor fuerza porque parte de la violencia ocurrió relativamente cerca de instalaciones policiales.
La Policía haitiana habría enfrentado a los atacantes durante la noche y varios agentes resultaron heridos.
Una masacre en el peor momento político
La nueva matanza ocurre en un momento especialmente delicado para Haití.
El país tiene programada para el próximo 13 de diciembre la primera ronda de sus primeras elecciones generales en aproximadamente una década, proceso con el que se pretende iniciar el retorno a autoridades elegidas democráticamente después de años de vacío institucional.
Pero la expansión territorial de las pandillas amenaza directamente ese calendario.
La Organización de Estados Americanos advirtió recientemente que seguridad y elecciones son dos problemas inseparables y reclamó acelerar el envío de personal, equipos y recursos destinados a fortalecer la lucha contra las organizaciones criminales.
La fuerza internacional respaldada por Naciones Unidas pretende alcanzar más de 5,500 efectivos durante el otoño, aunque todavía existen interrogantes sobre su capacidad para recuperar y mantener territorios actualmente dominados por grupos armados.
La OEA considera prioritario asegurar el aeropuerto, el puerto y los principales corredores de transporte antes de las elecciones.
También existe otro problema gigantesco: cientos de miles de desplazados han perdido documentos personales o han tenido que abandonar las comunidades donde estaban registrados.
Japón y la OEA anunciaron recientemente US$3 millones para fortalecer el sistema de identificación haitiano, incluyendo la adquisición de 350,000 tarjetas biométricas y la ampliación de los servicios móviles de registro.
La violencia vuelve a acercarse peligrosamente a RD
Para República Dominicana, la nueva escalada haitiana tiene una dimensión especialmente sensible.
Cada territorio que pierde el Estado haitiano aumenta la presión sobre otras comunidades, genera nuevos desplazamientos y complica los esfuerzos para recuperar estabilidad institucional en el país vecino.
Kenscoff demuestra además que las organizaciones criminales ya no se conforman con mantener posiciones dentro de los barrios tradicionalmente conflictivos de Puerto Príncipe.
Están intentando expandirse hacia zonas estratégicas que durante años permanecieron relativamente protegidas de la violencia extrema de la capital.
La masacre deja así dos interrogantes fundamentales para los próximos meses.
El primero es si las fuerzas haitianas y la misión internacional conseguirán detener la expansión territorial de Viv Ansanm y otras organizaciones armadas.
El segundo resulta todavía más trascendente:
¿puede Haití organizar elecciones nacionales creíbles el próximo 13 de diciembre mientras las pandillas controlan amplias zonas de la capital y continúan atacando comunidades prácticamente a voluntad?
La matanza de Kenscoff acaba de hacer esa pregunta mucho más difícil de responder.

