La Habana, Cuba. La tensión entre Cuba y Estados Unidos volvió a escalar luego de que el Gobierno cubano advirtiera que una eventual intervención militar estadounidense contra su territorio tendría consecuencias graves para ambos países y para la región del Caribe.
La advertencia se produjo tras un reporte de Axios que afirma que Cuba habría adquirido más de 300 drones militares de Rusia e Irán y que funcionarios cubanos habrían discutido posibles ataques contra objetivos estadounidenses, incluyendo la base naval de Guantánamo, buques militares y Key West, Florida. El informe señala que, aunque Washington observa la situación con preocupación, la inteligencia estadounidense no considera inminente un ataque cubano.
El Gobierno de La Habana rechazó esas acusaciones y las calificó como parte de una campaña para fabricar un caso contra Cuba. El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó que Estados Unidos intenta construir un “caso fraudulento” para justificar sanciones económicas y una posible agresión militar, mientras defendió el derecho de la isla a la legítima defensa bajo la Carta de las Naciones Unidas.
Rodríguez también advirtió que una agresión militar de Estados Unidos contra Cuba provocaría una “catástrofe humanitaria” y un “baño de sangre”, con pérdida de vidas tanto cubanas como estadounidenses. Según el canciller, no existe razón para presentar a Cuba como una amenaza ni para promover acciones destinadas a cambiar su sistema político o su Gobierno.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel también reaccionó al aumento de las tensiones y defendió el derecho de Cuba a responder ante una eventual acción militar. De acuerdo con reportes internacionales, Díaz-Canel no confirmó ni desmintió directamente la información sobre los drones, pero aseguró que Cuba no representa una amenaza ni tiene intenciones agresivas contra Estados Unidos.
La situación ocurre en un momento delicado para la isla, golpeada por una severa crisis económica, apagones prolongados, escasez de combustibles y un deterioro de las condiciones de vida. En ese contexto, La Habana acusa a Washington de mantener una política de presión que, según las autoridades cubanas, busca asfixiar al país y generar condiciones para una intervención.
Hasta el momento, no hay confirmación pública de una invasión estadounidense contra Cuba. Sin embargo, el cruce de declaraciones, las acusaciones sobre capacidades militares y las advertencias de La Habana elevan el nivel de tensión bilateral en una relación históricamente marcada por sanciones, desconfianza y confrontación política.
Analistas advierten que cualquier acción militar en Cuba tendría un impacto regional inmediato, especialmente por la cercanía con Florida, la presencia de la base estadounidense en Guantánamo y la sensibilidad geopolítica del Caribe. Para Cuba, el mensaje oficial es claro: el país dice no buscar una guerra, pero afirma que respondería si su territorio es atacado.
La crisis también coloca a América Latina y el Caribe ante un escenario de alta preocupación diplomática. Una escalada militar entre Cuba y Estados Unidos no solo afectaría a ambos países, sino que podría provocar desplazamientos, presión migratoria, crisis humanitaria y una nueva ola de tensión política en la región.

