Santo Domingo, RD Herald. – República Dominicana está entrando en una etapa decisiva para su movilidad. Durante años, el debate sobre transporte se ha concentrado en tapones, rutas, combustibles y aumento del parque vehicular. Pero el futuro apunta a una conversación más amplia: cómo mover a millones de personas de forma más limpia, rápida, segura y económica.
El transporte sostenible ya no es una tendencia lejana. A nivel mundial, las ventas de carros eléctricos superaron los 17 millones de unidades en 2024, representando más del 20 % de las ventas globales de automóviles, mientras que para 2025 la Agencia Internacional de Energía proyectó más de 20 millones de ventas, equivalente a más de una cuarta parte del mercado mundial.
En República Dominicana, esa tendencia comienza a sentirse. Según la Oficina Nacional de Estadística, las importaciones de vehículos eléctricos pasaron de 2,151 unidades en 2020 a 6,640 en 2024. En el mismo período, los vehículos híbridos importados aumentaron de 424 a 3,442 unidades.
Sin embargo, el verdadero futuro del transporte sostenible en el país no dependerá solo de cuántos carros eléctricos circulen. Dependerá de si el Estado, las empresas y los ciudadanos logran construir un sistema de movilidad más integrado: metro, teleférico, monorriel, autobuses, corredores, motocicletas eléctricas, puntos de carga, aceras seguras y planificación urbana.
Un país cada vez más motorizado
El reto es grande. El parque vehicular dominicano alcanzó 6,194,052 unidades en 2024, de las cuales más de 3.5 millones eran motocicletas. Además, la tasa de motorización pasó de 442.90 vehículos por cada mil habitantes en 2022 a 573.75 en 2024.
Ese crecimiento explica parte del problema diario que vive la población: más vehículos, más congestión, más presión sobre las calles, más consumo de combustibles y más tiempo perdido en desplazamientos. Por eso, hablar de transporte sostenible no es solo hablar de medio ambiente; también es hablar de calidad de vida.
Un sistema de movilidad más limpio puede reducir emisiones, pero también puede disminuir el gasto de los hogares, mejorar la productividad, conectar comunidades alejadas y facilitar que más personas lleguen a sus trabajos, escuelas, universidades y centros de salud.
Vehículos eléctricos: avance real, pero todavía limitado
La movilidad eléctrica ha ganado terreno en el país, apoyada por incentivos fiscales. La Ley 103-13 contempla una reducción del 50 % aplicable a derechos e impuestos de importación y al impuesto de primera placa para vehículos de energía no convencional, según una consulta técnica de la DGII.
Ese incentivo ha ayudado a que más personas y empresas consideren vehículos eléctricos o híbridos. Pero todavía existen barreras importantes: precios de entrada, disponibilidad de financiamiento, mantenimiento especializado, confianza del consumidor e infraestructura de carga.
Uno de los vacíos más visibles está en los cargadores. El periódico elDinero, citando datos de la ONE, reportó que entre 2020 y 2024 ingresaron al país casi 30,000 vehículos eléctricos e híbridos, pero apenas el 2.3 % de las obras activas en el Gran Santo Domingo incluía instalaciones para cargadores eléctricos al cierre del segundo semestre de 2025.
Ese dato muestra una contradicción: el mercado de vehículos limpios crece, pero la ciudad todavía no está completamente preparada para recibirlos. El futuro exigirá que edificios residenciales, plazas comerciales, estaciones de combustible, hoteles, parqueos públicos y proyectos turísticos integren cargadores como parte normal de su infraestructura.
Transporte público masivo: la pieza más importante
Aunque los vehículos eléctricos llaman mucho la atención, el mayor impacto social vendrá del transporte público masivo. En 2024, las líneas 1 y 2 del Metro de Santo Domingo transportaron más de 106 millones de usuarios en conjunto, mientras el Teleférico de Santo Domingo movilizó más de 3.3 millones de personas.
Esto demuestra que cuando existe una alternativa rápida, organizada y asequible, la población la utiliza. La movilidad sostenible no puede depender únicamente de que cada ciudadano compre un vehículo eléctrico; debe ofrecer opciones colectivas eficientes.
La Línea 2C del Metro de Santo Domingo, puesta en marcha hacia Los Alcarrizos, conecta 14 comunidades de Santo Domingo Oeste y, según la Presidencia, puede permitir ahorros de hasta dos horas diarias en horas pico y una disminución de hasta 60 % en el gasto de transporte de los usuarios.
Ese es el punto central: el transporte sostenible también es una política social. Cuando una persona gasta menos en pasaje y pierde menos tiempo en tapones, gana dinero, descanso, seguridad y oportunidades.
Monorrieles y nuevas conexiones urbanas
El país también apuesta por sistemas de transporte de mayor capacidad. El Monorriel de Santo Domingo fue anunciado como parte del Sistema Integrado de Transporte de Santo Domingo, con conexión intermodal con las líneas 1 y 2 del Metro y con un trazado que atravesará la autopista Las Américas y la avenida 27 de Febrero.
En Santiago, el Monorriel contempla un recorrido de 12.8 kilómetros desde Cienfuegos hasta Nibaje, con 15 estaciones de pasajeros, de las cuales nueve forman parte de la primera etapa.
Estos proyectos pueden cambiar la movilidad urbana si logran integrarse con autobuses, rutas alimentadoras, ciclovías, parqueos estratégicos y tarifas accesibles. Un metro o monorriel aislado ayuda, pero un sistema integrado transforma la ciudad.
El reto ambiental y energético
El transporte es uno de los sectores clave para la reducción de emisiones. Un estudio técnico sobre gases de efecto invernadero en el transporte dominicano señaló que entre 2010 y 2018 la flota vehicular creció a una tasa anual de 6.0 %, mientras las emisiones del transporte aumentaron 4.9 % anual. El mismo documento proyectó que, bajo un escenario de línea base, las emisiones del transporte podrían triplicarse hacia 2050 si no se aplican medidas de mitigación más profundas.
Por eso, electrificar vehículos es importante, pero no suficiente. También se necesita una matriz eléctrica más limpia, mejor planificación de rutas, renovación de flotas, gestión de baterías, normas de eficiencia y reducción de viajes innecesarios mediante ciudades mejor organizadas.
República Dominicana ya ha incluido la reducción de emisiones dentro de sus compromisos climáticos, y la NDC-RD 2020 plantea un marco de medición, reporte y verificación para contabilizar emisiones y registrar acciones de mitigación.
Lo que viene
El futuro del transporte sostenible en República Dominicana dependerá de cinco grandes decisiones: ampliar el transporte público masivo, acelerar la infraestructura de carga, facilitar financiamiento para vehículos limpios, ordenar el crecimiento urbano y hacer que la movilidad sostenible sea accesible para todos, no solo para sectores de altos ingresos.
El país tiene una oportunidad clara. Puede convertir la transición del transporte en una política de desarrollo nacional: menos tapones, menos contaminación, menos gasto familiar, más productividad y ciudades más humanas.
Pero para lograrlo, la sostenibilidad debe dejar de verse como un lujo tecnológico. Debe verse como una necesidad cotidiana. En una nación donde millones de personas dependen del transporte para estudiar, trabajar y sostener a sus familias, moverse mejor también significa vivir mejor.

