RD Herald. – El jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), coronel Johnny Abbes García, fue dura y sarcásticamente criticado por Trujillo por ofrecer una información de trascendencia vital para el régimen, no solo vieja, sino podrida en ancianidad.
Las críticas se produjeron al salir del despacho de su hermano Héctor Bienvenido. El jefe del SIM, mientras conversaba con el capitán Generoso Gómez, esperaba a su comandante en jefe, quien lo miró con extrañeza.
“Al fin lo veo a usted aquí”, dijo Trujillo en tono de reproche. “Después de pasar toda la mañana tratando de localizarlo. Supongo que me traerá noticias importantes”.
Johnny Abbes saludó militarmente y dijo:
“Respetuosamente, señor, tengo a bien informarle que esperaba las últimas noticias para tenerlo debidamente informado de los acontecimientos”.
“¿Y cuáles son esas noticias que he esperado impaciente durante toda la mañana?”, inquirió el Jefe.
“Según las informaciones que tenemos disponibles”, dijo Abbes García, “ya salieron para nuestras costas los barcos enemigos que se proponen invadirnos”.
Se trataba de la salida de los expedicionarios que llegaron por Maimón y Estero Hondo en junio de 1959.
“¿Y es eso solo la gran noticia que usted puede darme?”, dijo el dictador en tono airado. Luego continuó como si estuviera hablando con Gómez:
“Mira lo que me dice mi jefe de seguridad. Me está dando una noticia que de vieja no hiede. Que ya salieron los barcos para acá. ¡Qué noticia! ¡Qué inactual, qué atrasado está mi servicio de seguridad!”.
A continuación, encarándose con Johnny Abbes, le dijo:
“¿Usted cree que está con horas de venir a darme esas informaciones de tanta importancia, de vida o muerte para nosotros?”.
“Jefe”, respondió el jefe del SIM, “hace solo pocos minutos que esas eran las últimas informaciones que habían captado nuestros servicios, tanto aquí como en el exterior”.
“Pues mire”, dijo Trujillo en tono agresivo, “hace más de seis horas que tenemos esas informaciones. Y no solo eso, sabemos quiénes comandan esos barcos y quiénes, además de nuestros enemigos conocidos, han dado dinero para estas aventuras gansteriles”.
Abbes, conocedor del temperamento del Generalísimo, prefirió no contestar y dejarlo desahogarse.
“Si fuera por usted”, prosiguió Trujillo, “ya estuviéramos listos, enterrados bajo siete pies. Ya habría pasado el novenario de este país y del régimen”.
“La gran vaina es esta: en estos tiempos de tanto avance de la radio y las comunicaciones en general, pese al dineral que gasta mi gobierno, nuestros servicios de seguridad andan en camellos o en bueyes, con su narigón chapaleando en los caminos enlodados. No son más de ahí los servicios de seguridad que usted dirige”.
Al decir esto, volvió la espalda a su jefe de seguridad y se dirigió por el pasillo central hacia su despacho.
Abbes lo siguió detrás, a considerable distancia, como quien quiere y no quiere; como quien quiere avanzar, pero teme caer en arena movediza.
Fuente: Mis 20 años en el Palacio Nacional, por Manuel de Jesús Javier García.
Espere mañana el desenlace final de esta publicación.

