Estrecho de Ormuz, RD Herald. – El mercado energético mundial amaneció este lunes ante una extraordinaria contradicción: las exportaciones de petróleo de Medio Oriente han conseguido superar temporalmente los niveles anteriores a la guerra, al mismo tiempo que aumentan los ataques contra embarcaciones en torno al estrecho de Ormuz.
Los datos de navegación correspondientes a septiembre muestran que los envíos de crudo superaron los niveles previos al conflicto durante cuatro de los siete días de la última semana del mes.
La recuperación demuestra que productores y compañías marítimas han encontrado mecanismos para mantener circulando buena parte del petróleo pese a los riesgos militares.
Pero la normalización está lejos de ser completa.
Durante los últimos días se ha producido una nueva sucesión de incidentes contra petroleros, aumentando los riesgos para tripulaciones y elevando nuevamente los costos de seguros y transporte.
También comienzan a atravesar Ormuz más cargamentos de gas natural licuado procedentes de Qatar, otra señal de recuperación del tráfico energético por la estratégica vía marítima.
EL PROBLEMA YA NO ES SOLAMENTE CUÁNTO PETRÓLEO EXISTE
La crisis ha producido una transformación importante.
El mundo puede disponer de petróleo suficiente y aun así sufrir aumentos de precios si transportarlo desde el Golfo hacia los mercados internacionales se vuelve demasiado peligroso o costoso.
Ormuz conecta a algunos de los mayores productores energéticos del planeta con Asia, Europa y otros mercados.
Por eso cada ataque puede provocar efectos inmediatos en seguros marítimos, fletes y precios de productos refinados.
República Dominicana ya está sintiendo indirectamente esa presión.
El Gobierno dominicano ha tenido que aumentar considerablemente los recursos destinados a subsidiar combustibles, especialmente el gasoil, para impedir que todo el encarecimiento internacional sea transferido directamente a los consumidores.
Así que el dato positivo es que el petróleo vuelve a salir en grandes cantidades de Medio Oriente.
El problema es que ahora cada viaje se realiza por una ruta donde el riesgo de un nuevo ataque continúa aumentando.





