Familias de colombianos presos en Haití claman por ayuda para sacar de allí los ex militares quienes, dicen, son torturados

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Santo Domingo, RDHerald.- A Alfonso Rivera la voz se le atraganta con el llanto. Está desesperado y grita ayuda. El hombre de 62 años es el padre de Germán Rivera, uno de los 18 colombianos presos en Haití por su presunta participación en el magnicidio del presidente de ese país, Jovenel Moïse, ocurrido en 7 de julio de este 2021.

Entre llantos, Rivera repite una y otra vez que su hijo es inocente. En llamada telefónica desde Colombia, expresa su desconsuelo al saber que su vástago, igual que el resto de los detenidos, estaría siendo torturado.

“Está detenido injustamente, pues no le han dado nada de derecho, no se le ha dictado orden de captura, no han tenido derecho a un abogado defensor. Han sido maltratados, golpeados, no les están dando alimentos. Lo están torturando física y psicológicamente. Solo le están dando una hora de comunicación al día, con escasez de agua.” Expone su lamento mientras demanda ayuda para que el grupo sea sacado de Haití y llevado a otro país donde pueda ser juzgado bajo un marco de derecho. De lo contrario, teme que ocurra lo peor, pues asegura tener informaciones de unos supuestos intentos de asesinato en la cárcel.

Nataly Andrade, esposa de Carlos Guerrero, otro de los exmilitares retirados del ejército colombiano vinculado al asesinato de Moïse, también denuncia el maltrato y las acciones que estarían realizando las autoridades haitianas al margen de la ley.

“Ellos lo tuvieron en calabozo de la policía judicial un mes, torturándolo sin alimentos y sin agua. Luego de que estuvieran en eso, lo trasladaron sin argumento y notificación a la penitenciaría nacional de Haití, en Puerto Príncipe. Llevan dos meses y medio sin la presencia de abogado, totalmente aislados y sin comunicación”, dice la señora.

Hace casi un mes que Alfonso Rivera recibió una carta, escaneada, de su hijo Germán y, desde entonces no ha vuelto a tener ningún contacto, más que las referencias generales que le hace el cónsul de su país en Haití, a quien le permiten ver a los detenidos dos días a la semana.

En la carta, Germán les pedía auxilio. “Pedía auxilio y pedía que habláramos por los medios, que no los abandonaran, que los trataban muy mal y lo estaban torturando”, comenta.

Cita la barrera que ha constituido la diferencia idiomática para poder conseguir un abogado en Haití, mientras la barrera económica les impide conseguir un abogado internacional (de Estados Unidos o de Francia), pues los honorarios que algunos les han solicitado son imposibles para ellos.

“Clamamos para que organismos internacionales, para que la prensa se haga eco de este pedido de auxilio para que los organismos colaboren con nosotros, para poderlos sacar de Haití. Que tengan un proceso, sí, pero que sea un proceso con garantías, en un país totalmente independiente, donde puedan tener los derechos que los ciudadanos tienen al momento de ser juzgados y no una trampa”, dice Alfonso Rivera.

Insiste en que su hijo, como otros, salieron de Colombia con un gran propósito e ideal, pensando en un futuro laboral muy bueno que le habían ofrecido, pero que jamás fueron con intenciones de asesinar a nadie.

“Fue una trampa, los agarraron como conejillos de indias… Si a esos muchachos, alguien no los saca de allá, esos muchachos van a morir. Hay informaciones de que pandillas han intentado entrar tres veces a la cárcel para asesinarlos, para callarlos y que queden como los asesinos”, denuncia el hombre, emocionalmente afectado.

Agrega que los detenidos deben salir para que puedan hablar “porque no han podido hablar, porque están siendo amenazados de muerte si no dicen lo que ellos quieren que digan”, insiste Rivera.