Santo Domingo, RD Herald. – Las relaciones entre República Dominicana y Cuba entraron este jueves 13 de agosto de 2026 en un inesperado momento de tensión diplomática, después de que el Gobierno dominicano solicitara formalmente el retiro de nueve integrantes de la misión diplomática cubana acreditada en el país, junto con sus familiares, y La Habana respondiera horas después rechazando categóricamente la medida y atribuyéndola a presiones de Estados Unidos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano confirmó la decisión mediante un breve comunicado en el que informó que los funcionarios disponen de siete días para abandonar territorio nacional. La Cancillería indicó que la actuación se ampara en las facultades reconocidas al Estado receptor por el derecho internacional y la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Sin embargo, el aspecto que genera mayores interrogantes es precisamente aquello que el Gobierno dominicano decidió no explicar: las razones concretas que provocaron una medida diplomática de esta magnitud.
El Mirex señaló que, debido a que se trata de comunicaciones entre Estados sujetas a normas de confidencialidad, República Dominicana manejará el asunto con discreción y mediante los canales diplomáticos correspondientes. De acuerdo con la posición dominicana, esa prudencia busca preservar el curso de las relaciones bilaterales.
CUBA ROMPE EL SILENCIO Y SEÑALA DIRECTAMENTE A WASHINGTON
La respuesta de La Habana llegó durante la tarde y elevó considerablemente el tono político de la controversia.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba aseguró que no existe una razón que justifique la decisión dominicana y sostuvo que sus funcionarios han desarrollado sus labores respetando las normas establecidas por la Convención de Viena.
Pero Cuba fue mucho más lejos al explicar lo que, a su juicio, estaría detrás de la medida.
La Cancillería cubana atribuyó la decisión dominicana al “sometimiento” del Gobierno de República Dominicana a presiones de Estados Unidos, acusando a Washington de intentar aislar diplomáticamente a Cuba y perjudicar sus relaciones con otros países latinoamericanos.
Esta afirmación constituye, hasta el momento, la posición del Gobierno cubano. No se ha presentado públicamente evidencia que demuestre que Estados Unidos solicitara al Gobierno dominicano retirar a esos funcionarios, y Santo Domingo tampoco ha atribuido su decisión a Washington.
Esa diferencia es fundamental: Cuba afirma que existe presión estadounidense; República Dominicana no ha explicado públicamente la causa.
¿EXPULSIÓN O SOLICITUD DE RETIRO?
Aunque diferentes informaciones periodísticas están utilizando el término “expulsión”, la formulación oficial dominicana es más específica: el Gobierno “solicitó formalmente el retiro” de nueve integrantes de la misión diplomática cubana y sus familiares.
Diplomáticamente, la diferencia de lenguaje es importante.
La Convención de Viena permite al Estado receptor comunicar que determinados integrantes de una misión diplomática ya no son aceptables, sin estar obligado públicamente a explicar las razones de su decisión.
En la práctica, sin embargo, la consecuencia es contundente: los nueve funcionarios deberán salir del territorio dominicano dentro del plazo concedido.
EL GRAN INTERROGANTE: ¿QUÉ OCURRIÓ?
La decisión deja abierta una pregunta que probablemente dominará el debate político y diplomático durante los próximos días:
¿Qué motivó realmente al Gobierno dominicano?
Hasta las 6:50 de la tarde de este jueves, no existe una explicación pública detallada de Santo Domingo.
Precisamente por ello conviene evitar llenar ese vacío con especulaciones.
Una decisión que involucra simultáneamente a nueve miembros de una representación diplomática es suficientemente importante como para presumir que existe un antecedente que el Gobierno dominicano considera relevante.
Pero mientras ese antecedente no sea revelado, cualquier afirmación específica sobre espionaje, actividades políticas, seguridad nacional o exigencias estadounidenses sería especulativa.
Lo comprobado hasta ahora es mucho más sencillo:
República Dominicana tomó la decisión. Cuba la considera injustificada. Y Cuba responsabiliza políticamente a Estados Unidos.
UNA RELACIÓN QUE SANTO DOMINGO DICE QUERER PRESERVAR
Otro elemento llama particularmente la atención.
El Gobierno dominicano no acompañó la medida con acusaciones públicas contra Cuba.
Tampoco anunció ruptura de relaciones diplomáticas.
Por el contrario, al explicar por qué mantendrá reserva sobre los motivos, el Mirex habló de manejar el asunto con la discreción necesaria para preservar el curso de las relaciones bilaterales.
Eso permite interpretar —al menos con la información disponible— que Santo Domingo intenta limitar el conflicto al retiro de determinados funcionarios y evitar que escale hacia una ruptura diplomática mayor.
La respuesta cubana, sin embargo, introduce directamente a Estados Unidos dentro de la controversia y transforma un incidente bilateral RD-Cuba en un episodio con implicaciones geopolíticas regionales.
EL CONTEXTO ESTADOUNIDENSE
La acusación cubana tampoco ocurre en el vacío.
La administración del presidente Donald Trump ha endurecido durante 2026 su política hacia La Habana, mientras el secretario de Estado Marco Rubio ha reiterado públicamente una posición de fuerte presión contra el Gobierno cubano.
Cuba atraviesa simultáneamente una profunda crisis económica y energética, acompañada por mayores dificultades internacionales y nuevas presiones estadounidenses.
Es dentro de ese escenario que La Habana interpreta la decisión dominicana.
Pero nuevamente existe una diferencia entre contexto y causalidad: que Washington mantenga una política de presión contra Cuba no demuestra por sí mismo que haya ordenado o solicitado esta decisión particular de Santo Domingo.
LA HABANA ENDURECE SU RESPUESTA
El comunicado cubano sostiene además que no sería la primera ocasión en que República Dominicana se alinea con políticas estadounidenses consideradas hostiles por La Habana.
La declaración revela que Cuba no pretende tratar el episodio únicamente como un procedimiento diplomático rutinario.
Lo interpreta políticamente.
Y coloca públicamente al Gobierno dominicano dentro de la estrategia regional estadounidense contra la isla.
Santo Domingo, en cambio, hasta ahora ha evitado entrar en esa discusión.
DOS VERSIONES Y UN GRAN SILENCIO
Al terminar este jueves quedan enfrentadas dos posiciones.
República Dominicana: solicitó el retiro de nueve funcionarios y sus familiares, sostiene que posee facultades legales para hacerlo y afirma que las razones específicas permanecerán dentro de los canales diplomáticos.
Cuba: rechaza la decisión, sostiene que sus diplomáticos no incurrieron en actuaciones que la justifiquen y acusa a Estados Unidos de presionar al Gobierno dominicano.
Entre ambas posiciones existe todavía un enorme espacio vacío:
la causa concreta de la decisión.
Mientras Santo Domingo mantenga esa información bajo reserva, será imposible determinar públicamente si la explicación cubana tiene fundamento o si existen razones completamente distintas que todavía no han sido reveladas.
Lo que sí resulta evidente es que las relaciones entre Santo Domingo y La Habana acaban de sufrir su mayor sacudida diplomática reciente.
Y las próximas horas serán particularmente importantes.
Habrá que observar si República Dominicana responde a la acusación cubana de subordinación a Washington, si Estados Unidos se pronuncia, si Cuba adopta una medida recíproca contra diplomáticos dominicanos en La Habana y, especialmente, si finalmente comienza a conocerse qué ocurrió detrás de las puertas cerradas para que Santo Domingo pidiera simultáneamente la salida de nueve funcionarios cubanos.

