Santo Domingo, RD Herald. – Ha comenzado el año escolar 2025-2026 cargado de expectativas. Como cada temporada, las grandes, medianas y pequeñas tiendas inundan los medios con un bombardeo constante de ofertas: mochilas, uniformes, zapatillas, zapatos, libros, libretas, lápices y toda una gama de artículos “indispensables” para garantizar el éxito académico… y, por supuesto, su beneficio económico.
Un contraste inevitable con épocas pasadas, cuando palabras como mochila, tablet o internet ni siquiera existían, y la lista de materiales era mucho más corta. Aun así, la esencia de la educación nunca estuvo en lo material, sino en la visión, tarea y vocación de los padres.
La formación académica de los hijos no es responsabilidad exclusiva de la escuela. Cuando los padres descuidan ese rol, otros llenan el vacío: celulares, redes sociales, televisión, películas, videojuegos y, en ocasiones, las no siempre gratas “ocurrencias” de la calle. No deben ser esos los modelos que guíen la vida de los niños.
La educación es un proceso complejo, y aprender requiere esfuerzo y motivación. Hoy, sin embargo, parece aplicarse el mínimo. La lectura, clave indiscutible del aprendizaje, ocupa cada vez menos espacio. Muchos estudiantes leen poco, y en demasiados casos ni siquiera comprenden lo que leen. La ortografía, basta con mirar las redes sociales, es una asignatura pendiente.
A todo esto se suma el internet, una realidad que algunos padres aún no han asimilado. Comprendo que muchos nacieron en la época análoga y no se sienten preparados para esta nueva era digital, pero es necesario hacer el esfuerzo, al menos en lo básico, para acompañar a sus hijos.
Vivimos en una cultura donde los jóvenes, armados de smartphones y computadoras, pasan largas horas —incluyendo la madrugada— enviando mensajes y comunicándose de manera virtual, mientras reducen su capacidad de interacción cara a cara. Manejan con destreza un teclado, pero muestran torpeza al interpretar emociones o sostener conversaciones profundas.
El futuro de estos hábitos digitales aún es incierto. La tecnología avanza más rápido que los estudios que intentan comprender sus efectos. Lo que sí está claro es que el papel de los padres resulta insustituible.
Desde el primer día, la participación activa de la familia en el proceso educativo de sus hijos es determinante. Mientras más temprano se establece la conexión entre padres, maestros y estudiantes, más sólida será la base para el éxito. El hogar inculca valores y normas; la escuela enseña conocimientos específicos. Y cuando ambos mundos se complementan, el resultado son hombres y mujeres de bien, ciudadanos íntegros que vale la pena conocer.
Porque no hay mejor escuela que un hogar consciente, ni mejor maestro que un padre virtuoso.
Hasta una próxima entrega sabatina.